Arde el mar

Leed a Jung


Sí. Esto es una orden, y no podéis desobedecerla. Por esto escribo esta entrada en castellano y no en catalán. Espero que le sirva a alguien:

Lo que Jung viene a decir es que, si vivimos tiempos cambiantes es porque estamos cambiando nosotros. Lo que había antes de la crisis -desde las Guerras Mundiales hasta el presente- no era una época de tiempos cambiantes sino una época de desequilibrio.

Al terminar la guerra el mundo entero creyó que la catástrofe implicaba el fin de la historia. En otras palabras, el hombre pretendía vivir fuera del tiempo, más allá de su pasado. Jung considera que el hombre moderno es ahistórico, está más allá de la historia. Esto pretendían -pretenden- las vanguardias, ¿no? Escindirse de la tradición y buscar lo original.

¿Qué es lo original? Lo original es aquello primigenio, aquello que proviene del origen y, por tanto, está en íntima relación con lo más profundo. De esto se trató el Romanticismo, más o menos. Hubo individuos que llegaron al origen y otros que no. También hubo algunos, como Rimbaud, que llegaron al origen y descubrieron que escribir para alguien era irrelevante, lo que fuera, no me interesa.

El Romanticismo, en cualquier caso, estaba anclado firmemente en la tradición: releyó el medievo -como le interesó-. Ahora los artistas contemporáneos pretenden que la forma vacía de contenido es lo importante; pretenden que cambiando la forma llegarán a la originalidad. Pero la forma expresa el fondo. Si la forma es novedosa es porque el fondo es novedoso, porque lo que se ha descubierto no se adapta a los moldes. Pero, ¿qué es lo novedoso del arte contemporáneo salvo su intención de mantenerse a la vanguardia?

Es decir: ¿Mantenerse a la vanguardia es descubrir constantemente? El Renacimiento cambió la cosmovisión de un mundo podrido y lo hizo mirando hacia atrás, hacia lo viejo. Solamente aquello que linda con la muerte, con el silencio -es decir, lo otoñal- tiene algún valor. La vanguardia vive pretendiendo que sigue viva, que se mantiene siempre joven. Cambia la forma, pero sus ideas están podridas.

El arte vanguardista es la forma paradigmática del desequilibrio moderno: pretender mantenerse joven, querer olvidarlo todo, no tolerar el silencio sino, al contrario, gritar, inundar las galerías de cuadros que no dicen nada, que son azarosos y, por tanto, irrelevantes. Como transgresión es últil: descubre todas las posibilidades inesperadas a un arte anclado en el academicismo, en la repetición de viejos moldes. Pero, ¿y ahora? ¿En qué ha quedado toda aquella transgresión?

Aquella transgresión se ha convertido en FRIVOLIDAD. La juventud no sabe nada. Ni yo ni nadie que tenga menos de treinta años sabe una mierda de la vida.


Etcétera. Me he cansado de escribir. Pero en Jung -y en Heidegger y en Kundera- está todo lo que pueda decirse jamás acerca del siglo XX.

1 comentario:

  1. Totalmente cierto, no se puede repetir la misma revolución (sobre todo si ya tuvo éxito).

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